Inmovil, debía ponerle título al último cuadro
de su próxima exposición.
Inmóvil, pensó:
gordainutilinsatisfechafeasolamarchitaysinamor.
Demasiado descriptivo, demasiada explicación.
Inmóvil, no se le ocurría otra cosa,
o quizá le podía llamar simplemente dolor.
Inmóvil para siempre quedó al darse cuenta
que no era cuadro,
sino el reflejo,
de su cuerpo en un viejo colchón.
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